iPAD

No sé ni por dónde empezar. Qué decir del iPad que no se haya dicho ya en cualquiera de las versiones ya existentes. Hombre! se me ocurre decir que yo. a nivel personal y profesional, trabajo con uno casi de forma continuada. Es un gran argumento inicial para su defensa no?

En el año 2008, el mundo de los PC’s, portátiles, NetPC’s estaba llegando a un colapso de mercado. Los “gurús” de las tecnologías no sabían qué sacar para mover el mercado y hacer que nos entraran ganas de comprar más cacharros para casa y para el trabajo. Después de abusar en los PC’s y en los portátiles, alguien pensó que lo siguiente debían ser los netpc’s (o netbooks) que eran portátiles pequeños, sin apenas potencia, a cuatro duros y con una practicidad dudosa. Todo el mundo decía sobre su potencia “hombre, para lo que cuesta qué esperas”. Y era la puñetera realidad. Para lo que costaba hacía lo que tenía que hacer.

Jobs, el “puto amo” en cuanto a la generación de necesidad, por sorpresa, se sacó de la manga el iPad. No quería ni que por asomo se relacionara aquel producto con el concepto “tablet”. Los motivos eran evidentes, ya existían en el mercado soluciones tipo tablet que rozaban el desastre. Y, como no podía ser de otra forma, el tío lo petó. Creo recordar haber leído en algún sitio que el iPad (el primero) tiene el record de unidades vendidas de un producto en el menor tiempo posible. No sé si será cierto. Lo que sé es que si éste no fue el producto récord, lo tuvo que ser otro Apple.

EL iPad no aportó nada tecnológicamente hablando. Incluso le llamaron el “iPhone de los vascos” porque se decía que era una réplica del iPhone con la pantalla más grande. Y sí, por lo general, era eso. Apple quería trasladar la misma experiencia exquisita del iPhone al iPad. Y lo consiguió. La facilidad de manejo, el ecosistema de aplicaciones/funcionalidades eran las misma exceptuando las propias de un teléfono (llamadas y SMS).

Cierto es que el tamaño de la pantalla ofrecía unas capacidades al iPad que en el iPhone no se podían conseguir. Y el motivo básico era el tamaño del dedo. Poder dimensionar la interfaz de interactuación de iOS con mayor tamaño de pantalla hacía que, o bien aumentara el tamaño de los botones o bien aumentara el número. Y eso es una gran ventaja a la hora de hacer cosas con esta tablet (sí, al final no pudo conseguir que también se le llamara tablet aunque muchos medios de comunicación siempre hablan de “iPad o tablet” como diferenciando el verdadero concepto de los sucedáneos)

Por última dejadme comentar qué es lo que más aluciné del primer iPad: su batería. Una carcasa mayor daba para meter una batería mayor. Hoy en día no existe ninguna alternativa de tablet en el mercado que, con muchísima más capacidad de batería, pueda acercarse ni de lejos a la gestión y conservación de la batería de un iPad. Cómo lo harán? No lo sé, será magia 😉

He de comentar que el iPad original lo compré mucho más tarde de que hubiera salido al mercado. Debo reconocer que al principio, me pareció poco práctico por el tema de peso. Pero mira, al final… 🙂

Las evoluciones posteriores no hicieron más que mejorar un producto redondo. Podríamos hacer el mismo paralelismo que con el iPhone. No todas las futuras iteraciones del iPad tuvieron justificación para un cambio de tablet evidente, más allá que los frikies, la cambiáramos. 🙂

Es una enfermedad de la que no me quiero deshacer 😛